jueves, 2 de junio de 2011

LA CREACIÓN Y EL PLAN DE REDENCIÓN

La Biblia enseña, que los cielos, la tierra y los que en ellos hay así como el hombre, fueron creados por “Jehová, el eterno el que posee existencia propia, el no creado, el que es la fuente de todo y el que lo sustenta todo” (PP:313). “Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió” (Sal 33:9).
En la creación de todas las cosas, Cristo cumplió la voluntad de su Padre, todo fue creado por “Cristo poder de Dios y sabiduría de Dios” (1 Co. 1:24); y por “El Espíritu Santo… poder del Altísimo” (Lc. 1:35). Así está escrito  “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca” (Sal. 33:6).
Los que creen en la teoría de la evolución, argumentan que “el hombre llegó a existir mediante un lento proceso evolutivo de las formas bajas de la vida animal o vegetal”, “de gérmenes, moluscos o cuadrúpedos” (PP: 25). Solo los que aceptan las Sagradas Escrituras, como la Palabra de Dios, conocen con toda verdad, que la genealogía de nuestro linaje llega hasta Adán. Dice la Escritura: “Entonces Jehová Dios  formó al hombre del  polvo de la  tierra, y sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente” (Gn. 2:7).  El Señor dijo: “para gloria mía los he creado, los formé y los hice” (Is. 43:7).
 “Los seres humanos constituían una clase nueva y distinta. Fueron hechos “a imagen de Dios, y fue el propósito del Creador que ellos poblaran la tierra” (EGW. Com: 1095). “Cuando Adán salió de las manos de su Creador era de noble talla y hermosamente simétrico. Era bien proporcionado y su estatura era un poco más del doble de la de los hombres que hoy habitan la tierra. Sus facciones eran perfectas y hermosas. Su tez no era blanca ni pálida, sino sonrosada, y resplandecía con el exquisito matiz de la salud. Eva no era tan alta como Adán. Su cabeza se alzaba algo más arriba de los hombros de él. También era de noble aspecto, perfecta en simetría y muy hermosa” (HR: 21).
“Y Jehová Dios plantó un huerto en el Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado” (Gn.2:8). “La inocente pareja no usaba vestiduras artificiales. Estaban vestidos de un velo de luz y esplendor como el de los ángeles. Este halo de luz los envolvió mientras vivieron en obediencia a Dios...Parte del tiempo debían emplearlo en la placentera labor de cultivar ese huerto, y otra parte en recibir la visita de los ángeles, escuchar sus instrucciones y dedicarse a feliz meditación. Sus ocupaciones no eran fatigosas, sino agradables.” (HR: 21).

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